23/04/09
Ni injerencia ni censura
Sin embargo, hoy, este año más que celebraciones queremos plantear reflexiones porque los conocidos episodios de censura e injerencia que ha sucedido en las bibliotecas de Barañain y Pamplona están suponiendo un ataque frontal al libre ejercicio de nuestra profesión y al espíritu mismo de la biblioteca pública definido por la UNESCO y que sustenta su historia.
Una reflexión en esta celebración que quiere seguir fomentando la lectura, la información y el disfrute estético. Una reflexión que hemos suscrito más de 400 personas y las asociaciones profesionales agrupadas en FESABID y que quiere ser un “Manifiesto a favor de la biblioteca pública”.
Con estas palabras hemos introducido esta mañana, a las puertas del Ayuntamiento de Pamplona, la lectura de nuestro Manifiesto en euskera y en castellano. Los bibliotecarios y bibliotecarias concentrados hemos formado una pancarta con el siguiente mensaje:
“Ni censuras ni ingerencias. Bibliotekak denontzat (Bibliotecas para todos)”
Periódicos de diversos colores y lenguas, han sostenido nuestro mensaje, silencioso pero contundente.20:15 Anotado en ASNABI | Permalink | Comentarios (14) | Email esto | Tags: censura, injerencia profesional
21/04/09
Manifiesto por la biblioteca pública


Perogrullo estaría orgulloso del título de este manifiesto, si no fuera porque la afirmación obvia que plantea el título se está hoy cuestionando en las bibliotecas públicas de Navarra y en la sociedad navarra por extensión. Los bibliotecarios estamos alarmados. Los ciudadanos, por supuesto, también lo estamos.
La alarma salta cuando, allá por febrero de 2009, de la biblioteca pública de Barañain desaparecen (no por su propio pie) dos de los periódicos que acostumbraban a compartir espacio con el resto. El motivo de su desaparición es que un ciudadano (en su calidad de concejal), al que esos periódicos no le acaban de gustar, lo decide así. También que otro ciudadano (en su calidad de Jefe del Servicio de Bibliotecas), por motivos desconocidos, lo decide así. Y suena, semanas después, de nuevo la alarma en las bibliotecas públicas de Pamplona-Iruña.
La función de las alarmas es alarmar, y sólo escuchándolas podremos evitar que la patología se extienda, y así hacer que todo quede en un puntual esguince cultural y moral que con cuidados preventivos vuelve a estar en su sitio, y entre los cuidados está el de hacer balance de las cualidades de la biblioteca pública.
Eso hacemos ahora:
Las bibliotecas, mal que les pese a algunos ciudadanos, no rechazan. Las bibliotecas públicas están hechas de un tejido inusual, un tejido no comercializable, no ideológico, un tejido que se expande, un tejido no censor. Ahí radica su grandeza, en su permeabilidad y su infinita capacidad. Cuando se edita un nuevo libro, una nueva revista, un nuevo periódico, un nuevo pensamiento manuscrito, la biblioteca se hace de inmediato unos centímetros más grande, con el único fin de acoger al recién llegado, de hacerle un sitio. De esta forma, todo lo ya creado y lo aún por crear tiene un lugar, la biblioteca pública, en el que poder respirar, codearse con los de su especie (la magnífica especie de lo escrito) y hacerse accesible al mundo, a los lectores. Y si no es así, la biblioteca pública enferma; y la única terapia parare constituirla será tejerla de nuevo ese traje elástico, reconstruir ese continente de contenido infinito que nunca se debió quebrar.
La biblioteca pública es uno de los enclaves básicos de la cultura. Y la cultura, la civilización, no es sino esto:
Que una bibliotecaria ultraurbanita preste con su mejor sonrisa un libro sobre la corteza del abedul.
Que conviva un libro de física cuántica, apoyado tapa con (no contra) tapa, al lado de uno que apueste firmemente por la teoría de la relatividad.
Que haya libros en papel, y que haya otros que podamos leer en Internet.
Que se crucen y saluden en la entrada de la biblioteca el que porta un disco de Salieri y el que va en busca de otro de Mozart.
La cultura es que todo, todas, todos, tengamos cabida en la biblioteca pública.
Hemos dicho una y mil veces "hay un libro para cada lector", con la aspiración soñada de que todos podemos ser amantes de un libro, para después convertirnos en concubinos de cientos. ¿Qué sucede entonces si no hay un libro para un lector?, y aún peor, ¿qué sucede si hay un libro para un lector y ese libro se lo quitamos a ese lector de las manos?
Si un libro, una revista, un periódico, un papel lleno de tinta significante, no es bienvenido a las bibliotecas públicas, no nos engañemos, eso significará que un lector, y tal vez otra, y otra, y otro lector, tan ciudadanos como el resto, no son bienvenidos a las bibliotecas públicas.
No, no nos engañemos: es como si instalamos una cuerda con la señal de "prohibido" en la puerta de la biblioteca y la extendemos o no, en función de quién se acerca,
es como si editamos carnés de biblioteca de primera y segunda categoría, unos magenta, otros de otro color;
es como si colgamos en el día del libro grandes letreros que digan "lean, pero no lean todo";
es como si a un lector de un periódico, le damos otro periódico, le damos el periódico que a mí me gusta, y no el periódico que él quiere leer;
es como si ponemos entre comillas (y no subrayado, como debiera) el "pública" de la biblioteca pública.
Los que suscribimos este manifiesto sentimos que haya llegado este triste momento en que este manifiesto se ha tenido que idear, y firmar.
Manifiesto por la biblioteca publica (Pdf)
Este "Manifiesto por la biblioteca pública" ha sido apoyado por más de cuatrocientas personas y por la Federación Española de Sociedades de Archivística, Bibliotecomomía, Documentación y Archivística (FESABID)

09:09 Anotado en ASNABI | Permalink | Comentarios (5) | Email esto


